[cmi-bolivia-editoriales] CONFERENCIA DE LOIC LE RIBAULT . EL SILICIO ORGÁNICO Y SUS APLICACIONES TERAPÉUT
Alfredo Embid
amcmh en amcmh.org
Jue Mayo 19 12:47:59 PDT 2005
CONFERENCIA DE LOIC LE RIBAULT . EL SILICIO ORGÁNICO Y SUS APLICACIONES TERAPÉUTICAS.
27 Mayo 2005.
CONFERENCIA EN MADRID.
GRAN HOTEL COLÓN :
c/ Pez Volador nº 1-11 (esquina Doctor Esquerdo 117)
28007 Madrid
VIERNES 27 DE MAYO A LAS 20:00
Tél.: 902 36 24 22 y 985 50 73 75.
Web: http://www.silicio.org
EN LOS NÚMEROS 55 Y 56 DE LA REVISTA MEDICINA HOLÍSTICA SACAMOS DOS ARTÍCULOS QUE PODÉIS VER EN NUESTRA WEB
http://www.amcmh.org/PagAMC/medicina/articulospdf/55Ribault1.pdf
http://www.amcmh.org/PagAMC/medicina/articulospdf/56Ribault2.pdf
firmados por Martín Walker, escritor e investigador, sobre Löic Le Ribaulth científico forense muy reputado en Francia, perseguido por las autoridades de su país por la creación y comercialización del G5 producto para tratar la artritis.
A continuación publicamos la información de su puesta en libertad, en el mes de febrero de 2004, por parte de las autoridades francesas; así como una carta de agradecimiento del Sr. Löic Le Ribaulth en donde relata sus peripecias y da las gracias a las personas que le han apoyado durante este tiempo.
A principios de febrero, Löic Le Ribault era perseguido por ejercicio ilegal de la medicina y farmacia. Estaba encausado por comercializar el G5,una forma de silicio orgánico reputado por aliviar diferentes afecciones, particularmente los dolores articulares y los problemas de piel.
Los numerosos enfermos que testificaron a su favor querían a través de su persona, defender la libertad de elegir terapéutica, algo hoy, como siempre, tomada a mal. Que los colegios nacionales de médicos y farmacéuticos se ocupen prioritariamente, reclamaban, de servir a la causa de los enfermos en lugar de condenar al silencio a un investigador atípico, cierto, pero muy estimado.
Condenado a un año de prisión, de los cuales 6 meses con la sentencia en suspenso, y teniendo en cuenta las semanas de detención ya cumplidas, salió en febrero de prisión.
Con gran alivio de la Asociación Internacional de Amigos de Löic Le Ribalut, creada en 2002 y muy presente en su proceso. La venta del G5 continua a pesar de todo.
Fuente: Alternative Santé, nº 310 abril 2004-04-22
Contacto: correo-e: impatient en regain-sante-com
Web: www.regain-sante.com
CARTA DE LOÏC LE RIBAULT
¡Gracias!
A gracias a vosotros todos, amigos conocidos y desconocidos, que me escribisteis cuando estaba encarcelado, a la Asociación de los Amigos de Loïc Ribault, a las revistas y a los periódicos que me sostuvieron en esta prueba. Fuisteis millares, y todavía no pude responderos a todos. Pero debéis saber que vuestra movilización probablemente me salvó la vida. Porque parece que, esta vez, todo había sido organizado minuciosamente para derribarme de una vez por todas. Juzguen ustedes mismos.
En marzo de 2004, iba a comenzar mi noveno año de exilio. Ocho años transcurridos con la certeza absoluta que en varios ministerios franceses ciertos insectos no me habían olvidado; ocho años de agotadora tensión nerviosa, cerniéndose por encima de la cabeza, una espada de Damocles que no podía dejar de caer un día. ¿Pero cuándo? ¿Y cómo? Más aun cuando el libro de Pierre Lance (1) y el documental rodado por Jean-Yves Bilien (2) relatando mi aventura eran muy irritantes para las autoridades francesas.
Es la urgencia que forzó a las cochinillas a atacar: el asunto Chanal famoso, sobre los "desaparecidos de Mourmelon". Se sabe que en 1988 yo había aportado la prueba material e indiscutible de que la pala de Chanal había servido para cavar el hoyo en el cual había sido descubierto en 1987 el cuerpo del joven Trevor O' Keeffe. Chanal, extrañamente protegido, no había sido inquietado de ninguna manera por eso. Luego en 1998, yo había aportado la prueba más irrefutable de que, en este asunto los laboratorios de policía habían elaborado minuciosamente informes periciales falsos con el fin de desacreditarme.
Ahora bien, el proceso Chanal debe abrirse por fin en octubre de 2003, y recibo del Tribunal de Apelación de Reims una citación que comparece el 16 de octubre en calidad de experto. Estoy exultante: es la ocasión soñada para mí para demostrar públicamente el compromiso del Ministerio del Interior en este asunto. Estoy seguro de ser detenido instantáneamente si pongo los pies en Francia, y por ello propongo testificar por videoconferencia y la presidenta del tribunal en principio acepta.
Para ciertos insectos, es la oportunidad. Hay que, cueste lo que cueste, imponerme silencio o por lo menos manchar mi imagen por todos los medios.
Primero, el 23 de agosto, me hacen el honor de lanzar contra mí una orden de detención internacional. Cierta prensa va también a ayudarles; El Irish Times del 23 de agosto (¿La misma fecha que la de la orden de detención?), L'Express del 11 de septiembre y un tabloide irlandés que, desde el 29 de agosto, publica mi dirección personal, en la que, desde el día siguiente de la aparición del artículo, comienzo a recibir por teléfono amenazas de muerte.
El 1 de octubre de 2003, la fecha de mi proceso es fijada por fin, después de siete años (!) de instrucción: será el 5 de febrero de 2004 en Burdeos.
El 2 de octubre de 2003, la Corte europea de los Derechos del hombre me da a conocer que declara mi demanda contra el Estado francés inadmisible, que esta decisión es definitiva, que no se me responderá a ningún correo y que mi expediente será destruido.
La noche del martes, 14 al miércoles, 15 de octubre de 2003, Chanal se suicida, parece, mientras que se encuentra bajo la vigilancia supuestamente continua de tres policías, y recibiendo un control médico cada quince minutos. Chanal pues no hablará y yo tampoco.
Ahora, ha llegado el tiempo para ciertos insectos de ocuparse seriamente de mí.
Desde principios de octubre, estoy en Suiza dónde preparo la instalación de un laboratorio de investigación. No me escondo de ninguna manera, ya que vivo bajo mi verdadero nombre en diferentes hoteles, con pasaporte que me ha sido librado por otra parte por la embajada de Francia de Dublín en 2001.
Es pues en respuesta a una denuncia que, el 21 de noviembre a las 8h 25, cuatro policías suizos fuerzan la puerta de mi habitación de hotel; actúan conforme a la orden de detención internacional lanzada contra mí, pero ignoran el contenido. Para justificar tal medida, para ellos debo ser un individuo muy peligroso. Asimismo, niego mi extradición, inmediatamente pedida por la embajada de Francia en Suiza. Informo a los policías de los cargos que pesan sobre mi, y quedan asombrados: ¿cómo el ejercicio ilegal de la medicina y de la farmacia puede justificar el lanzamiento de una orden de detención internacional, en principio reservado para casos extremadamente graves? ¿Qué esconde esto? Casi tan desconfiados como yo, piden a Francia una copia del mandato. Les llega por fax, siendo acompañado por un documento confidencial. Éste lleva en membrete la mención siguiente: "las informaciones contenidas en esta ficha tienen simplemente valor de informaciones susceptibles de orientar la encuesta. Podrá ser tenido en cuenta sólo a reserva de comprobación."
A la rúbrica "antecedentes", es especificado "ninguno", al párrafo "estudios" que estoy sin profesión, y que mi última dirección conocida es la de… la prisión de Gradignan, en 1997.
Este retrato tan esbozado apenas me beneficia, y todavía va a ennegrecerse en el párrafo que sigue, que es precedido por la mención: "esta persona ha sido citada en uno o varios procedimientos, pero en ningún caso puede ser deducido de este documento que definitivamente ha sido reconocido como responsable de los hechos". Allí, se señala que fui culpable de cuatro abusos de confianza, cuya "continuación judicial" es absolutamente "desconocida", y el apartado 'encausado' dejado en blanco. Pero el asunto más sorprendente concierne a una "emisión de cheque sobre una cuenta sin saldo" del que habría sido culpable en Arcachon el 7 de enero de 1997. Ahora bien, en aquella fecha, estaba encerrado en la prisión de Gradignan hacía tres semanas y sería liberado seis semanas más tarde. Ninguna duda: soy más astuto que Arsène Lupin...
Total, este retrato poco reluciente elaborado minuciosamente por el Ministerio francés del Interior no incita apenas a la clemencia la justicia suiza. La misma tarde, me acuesto pues en la prisión de Champ-Dollon, en las afueras de Ginebra.
Con relación a mi celda francesa n ° 124 de 1996/1997, su colega helvética n ° 258 me parece un lujo inaudito: una celda individual de aproximadamente 12 m2, limpia, equipada de un baño y de una ventana privada de barrotes con vistas sobre el Mont Blanc. En el curso de los días, descubro y aprecio la cortesía perfecta del personal de la prisión. La cocina es excelente (cuatro menús a elegir), puedo pasearme una hora al día en una jaula enrejada situada en la azotea de la prisión, tomar una ducha diaria, tienda de ultramarinos, periódicos, papelería, etc. en un catálogo de una treintena de páginas abastecido por la administración penitenciaria, y ver la televisión en color. Todo esto hace el encarcelamiento relativamente soportable...
Pero toda medalla, es bien conocido, tiene su revés: por razones misteriosas, inmediatamente soy puesto en aislamiento absoluto hasta el 22 de diciembre. No puedo recibir ni enviar correo ni recibir la menor visita a excepción (rara) de mi abogado suizo. Para mí, el mundo exterior ya no existe, y la angustia crece día tras día. ¿Han avisado a mis amigos de mi detención? ¿Alguien protesta? ¿Entonces me han borrado del mundo de los vivos?
En los días que siguen, las autoridades francesas oficialmente confirman las acusaciones de estafa y comercialización de un producto tóxico, justificando así el mantenerme en detención por las autoridades helvéticas. Me convertí en un estafador y un envenenador potencial.
Al cabo de un mes, las condiciones se suavizan: una visita autorizada de una hora a la semana, pero registrada y en presencia de un guardián. El correo comienza a llegar, insuflado de esperanza y de aire fresco. Pero, por supuesto, es censurado a la llegada y a la salida. Las autoridades de Berna se niegan a devolverme mi ordenador portátil y mi lista de direcciones, considerados como cuerpos de delitos capitales. ¿Pero cómo pueden tener allí cuerpos de delitos, mientras que la instrucción de mi asunto se acaba en Francia? La prueba: ¡la fecha de mi proceso está fijada! ¿Qué significa todo esto? ¿Hay una nueva instrucción en curso, de la cual no sé nada?
Y bien parece que sea este el caso: porque el 8 de enero, leyendo un expediente que emana de las autoridades francesas para justificar la insistencia que concierne a mi extradición, descubro una frase extremadamente inquietante: (...) "Es necesario señalar que otra información judicial ha sido abierta (contra mí) por el Ministerio fiscal de Burdeos para el período posterior a los hechos concernidos por el expediente presente y que el juez de instrucción pretende librar a su vuelta una orden de detención internacional con el fin de obtener una extensión de la extracción a estos nuevos hechos". Entre las 135 páginas del expediente, estas cinco pequeñas líneas me hielan la sangre: ahora me convertí en un individuo tan peligroso que sus nuevas malas acciones (no precisadas) justifican otra orden de detención internacional!
Alertado, mi abogado Blet se informa en el Ministerio fiscal de Burdeos, que le señala el nombre del juez encargado de esta nueva instrucción. ¡Este último, interrogado, no está al tanto!
Se trata pues completamente de un nuevo golpe montado, tan enorme, que las autoridades francesas no vacilaron en mentir a las autoridades judiciales federales suizas! Verdaderamente quieren mi piel, y persisto en negarme a la extradición.
Es al día siguiente en el que, por centenas, las cartas de remitentes, casi todos desconocidos, comienzan a llegarme a prisión. Pronto, se cuentan por millares. Comprendo entonces que mi asunto levante una indignación verdadera y que puedo contar con el sostén de una multitud de simpatizantes. ¿Cuántas personas sobre la tierra pueden jactarse de tener a su lado tantos amigos? Sobre todo de amigos desinteresados, porque por fin mi desaparición no arrastraría a la del G5, el cual, a pesar de mi encarcelamiento, continúa siendo fabricado y distribuido desde Irlanda como en el pasado. Por lo tanto ya no soy indispensable. Ahora bien, ¡millares de personas se tomaron la molestia de escribirme para apoyarme sin tener ninguna ventaja a cambio! Entonces, cada tarde, contemplando la pared de mi celda tapizado con cartas postales, considero que soy un hombre que tiene mucha suerte.
Pero el fatídico el 5 de febrero se acerca a grandes pasos, y hace falta toda la persuasión de mis amigos más próximos y de mi abogado Blet para decidirme a aceptar la extradición.
Es por la tarde del 3 febrero cuando la policía suiza me devuelve, esposado, a la policía francesa. Considerando que los policías suizos se mostraron negligentes esposándome por "delante", los polis franceses se apresuran a esposarme con las manos en la espalda, y me llevan armados en coche (mi ordenador portátil) y equipaje (tres bolsos de viaje) a la prisión de Bonneville.
Como esta cárcel está atestada, paso mi primera noche durmiendo en el suelo y sin cenar. Esto no augura nada bueno para mi futuro. El día siguiente por la tarde los gendarmes se encargan de mi escolta, todavía en coche. Después de haberme quitado mi cinturón y los cordones de mis zapatos, me esposan por delante haciéndome notar que me hacen un favor. La regla según ellos es por la espalda. Como los pobres están muy cansados, no tienen fuerza para transportar mi equipaje que se queda en la prisión de Bonneville, la cual dejo sin muda y sin haber comido, una vez más. Por suerte, esta privación no afectará a mis gendarmes, que me dejan hambriento en una celda de la brigada de Tulle para ir a comer a la ciudad. Diez horas más tarde, reencuentro sin excesivo placer y el vientre vacío la prisión de Gradignan, dejada hace ocho años. Es la una de la mañana del 5 de febrero, día de la vista.
Voy a quedar encerrado en Gradignan veinte días, y estos veinte días serán 1.700.000 segundos de pesada angustia .
Pero no a causa de lo que pasa en la prisión. Al contrario: gozo del apoyo moral no sólo de los guardianes, sino de los presos. Estos últimos olvidaron al experto judicial para considerar sólo al descubridor del G5, y no pierden una ocasión de indignarse: "nosotros, estamos aquí por buenas razones. ¡Pero tú, no tienes nada que hacer aquí! ¡Es una vergüenza!" No. La angustia es a causa de lo que se trama afuera.
A las 14:30h llego al palacio de justicia de Burdeos. Soy acogido allí con calor por policías disconformes de mi suerte que se afanan a ofrecerme azúcar y agua para ayudarme a aguantar el choque. Me dan también una cuerda a guisa de cinturón para aguantar mis pantalones.
Luego soy echado a la arena, o más bien dentro de una jaula de cristal acorazada. ¿soy peligroso? La sala de audiencia está llena, y los aplausos crepitan a mi llegada, rápidamente reprimidos por la presidenta. El tribunal es exclusivamente femenino, compuesto por la presidenta rodeada de dos asesores-floreros que no abrirán la boca y de Maud Vignau, acusadora pública que, por su parte la abrirá demasiado.
¿Que decir sobre este proceso, sino que fue una parodia de justicia? Ya sufrí más de cinco meses de encarcelamiento, la pena que me espera no puede pues ser inferior a seis meses. En caso contrario me hallaría en situación de reclamar al Estado francés daños y perjuicios por encarcelamiento abusivo. De hecho, apenas escucho a la presidenta, cuyas cuestiones no reflejan más que un desconocimiento total del expediente y una ignorancia científica crasa.
Más interesante es Maud Vignau, subfiscal (es sustituta) de su estado. Durante toda mi carrera de experto judicial, sólo había encontrado, en efecto, a magistrados íntegros, únicamente cuidadosos de poner en ejecución todo lo necesario para descubrir la verdad. Si no, no habrían acudido desde luego a mis servicios. Allí, brutalmente, descubro otra cara de la justicia: la de una magistratura que no está levantada, ni sentada, sino revolcada en el sadismo. Para mí, ingenuamente, el papel de un fiscal era por cierto poner el énfasis en las culpas del acusado, pero sin mentira deliberada. Tristemente me había equivocado: ¡Maud Vignau existe! Lo sé: la encontré este 5 de febrero de 2004.
Hablando en nombre del pueblo francés, acumula en su requisitoria las mentiras (dijeron que robé mis invenciones de la policía y de la gendarmería), la ignorancia (G5 es un vaso de agua en el cual se echa un grano de arena), la grosería (soy un charlatán), los insultos (me compara al doctor milagro de Lucky Luke), la ignominia (una carta de felicitaciones enviada por Santiago Chaban-Delmas se hace un ejemplo del modo en el que yo "hago hablar a los muertos"), la tontería y la arrogancia (mis pacientes son unos "tontos"). Finalmente requiere contra mí una multa colosal y dos años de encarcelamiento. Para comportarse de modo tan innoble, Maud Vignau debe ser muy desgraciada...
Para deliberar el veredicto, soy reconducido por una semana a prisión; luego, como cabía esperar, quedar allí, condenado a 8.000 euros de multa y un año de prisión entre los que están seis meses con prórroga por ejercicio ilegal de la medicina y de la farmacia. Soy absuelto desde luego de las acusaciones de engaño y de venta de un producto tóxico.
La ley da luego diez días a las partes para apelar eventualmente. Es lo que los condenados llaman " los días del proc. ", me voy de nuevo pues para diez días a Gradignan. Ya que estamos a 12 de febrero, diez días nos llevan al domingo, 22 de febrero. Así como la tradición "en Gradignan" quiere, parece, que jamás se libere en domingo sino el sábado precedente, contemplo mi liberación para el 21. Eso es también la opinión de los guardianes, que, el viernes, 20, me anuncian mi salida para el día siguiente. El día siguiente, lamentan anunciarme que no me iré de hecho hasta el lunes por la mañana; el domingo no entrará en la cuenta de mi tiempo ya que se trata de un día no laborable. Comienzo a inquietarme muy seriamente.
El lunes 23 por la mañana, el vigilante-jefe, con aire afligido, me previene que, por razones que no comprende, mi salida es aplazada a la mañana del martes. A eso de las doce. ¡Vuelve, sin resuello, y me informa de que después de haber controlado el ordenador de la prisión acaba de comprobar que de hecho mi liberación está programada para el 17 de marzo ¡Dentro de 3 semanas! ¿Qué significa esto? Porque ya efectué 5 meses y medio de prisión en firme. Ahora bien, la tradición (siempre respetada) dice que un preso con buena conducta goce de una semana de remisión por cada mes de encarcelamiento consumado. Es decir, un hombre condenado a seis meses de prisión firme efectúa "sólo" cuatro y medio.
A mi, particularmente ya me perjudicaron, ya que a esta tarifa ya sufrí un mes de prisión de más. ¡La fecha del 17 de marzo puede pues corresponder sólo a una condena de golpe muy superior a seis meses, es decir es otra condena! Este lunes, 23 de febrero, verdaderamente tengo miedo, porque me acuerdo del "otro asunto" que me concierne anunciado por el ministerio fiscal de Burdeos a las autoridades suizas. Es decir, no sólo "no tienen ganas de soltarme, sino que tengo la certeza que voy a quedarme mucho más tiempo entre rejas.
Sin embargo, por la tarde, fue un vigilante sonriente el que me anunció "que la decisión ha sido tomada" de liberarme al día siguiente por la mañana el 24 de febrero y que la fecha del 17 de marzo "desapareció de las pantallas". ¿Qué sucedió pues entre el viernes y lunes? Misterio.
Encontré sólo una explicación lógica: habían decidido cargarme sobre la espalda un nuevo asunto. Uno que me mancharía. ¡Pero no habían tenido tiempo de constituir un expediente, falso por cierto, pero de una solidez de hormigón, porque habían olvidado descontarme mis dos semanas de remisión debidas a mi tiempo de detención en Suiza! La prueba: justo después de mi salida, sabré que, el sábado, 21, mi abogado Blet tuvo que batallar con el juez de aplicación de las penas para arrancarle este descuento famoso que legalmente se me debía, pero que no quería consentirme...
Y luego también - y sobre todo - sin duda fui muy sorprendido de la amplitud de sus apoyos, queridos amigos, e inquieto por las consecuencias eventuales de una nueva prueba de encarnizamiento judicial respecto a mí.
Es al fin, el 24 febrero por la mañana, cuando las puertas de la prisión se abren por fin y salgo, saludado por una ovación enorme: 600 presos aplauden mi liberación y me desean buena suerte.
Me hizo falta un mes entero para reaprender a caminar normalmente y a costumbrarme a enfrentarme con la muchedumbre en las calles y las tiendas. Este mes de reeducación, lo pasé en Suiza, a la cual no guardo ningún rencor y donde me siento bien. Al otro lado del lago Leman miraba a veces las montañas de Francia. Con una indiferencia perfecta.
Es un país dónde jamás volveré a poner los pies.
¡Gracias una vez más, amigos!
Loïc Ribault
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