[Cmi-Brasilia] [Fwd: [zap-listadf] Link de vídeos sobre Oaxaca]
sirac em riseup.net
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Quarta Outubro 18 11:50:43 PDT 2006
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Subject: [zap-listadf] Oaxaca
From: yalkei em yahoo.com.mx
Date: Wed, October 18, 2006 8:55 am
To: zap-listadf em lists.riseup.net
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Envio pra vcs dois interessantes videos sobre Oaxaca e o movimiento
popular da APPO:
http://www.youtube.com/watch?v=FW1Oh74dOYQ
http://www.youtube.com/watch?v=VX01aUKBeI0
Também um artigo sobre Oaxaca:
Martes 17 de octubre de 2006
La Jornada
Luis Hernández Navarro
Oaxaca: ocho muertos, ocho
Ocho muertos, ocho. Casi todos de un solo lado. En Oaxaca sólo unos ponen
los muertos. La sangre corre por cuenta de la Asamblea Popular de los
Pueblos de Oaxaca (APPO). También los heridos de bala, los secuestrados,
los torturados, los encarcelados sin orden de aprehensión.
Pero casi nada sucede para el poder. El dolor de los deudos, la rabia de
los compañeros, el temor de los vecinos, la solidaridad de los paisanos,
son ignoradas arriba. Los sacrificados son cadáveres sin nombre, presos
sin biografía, heridos sin memoria. No lo dicen, pero el silencio de los
poderosos ante tanta atrocidad sugiere que piensan que las víctimas
merecieron lo que les sucedió.
¿Dónde están los responsables de los asesinatos de maestros, arquitectos,
estudiantes? ¿Dónde se encuentran los torturadores? ¿Qué ha pasado con los
pistoleros que han disparado contra la multitud? La respuesta es simple:
siguen en libertad, continúan cometiendo delitos, viven en la más absoluta
impunidad.
¿Y la autoridad? Si la policía nunca ha sido confiable en México, menos lo
es en la Oaxaca de hoy. Ellos, vestidos de civil, han sido los encargados
de agredir a los insumisos. Nunca ha resultado tan cierta como ahora en
Oaxaca aquella historia en la que, enfrentado un peatón al dilema de
caminar por una acera en la que se encuentra con una banda de delincuentes
o por otra patrullada por gendarmes, toma el camino menos riesgoso: pasar
por donde se encuentran los hampones.
Pero ¿no es una exageración decir que en Oaxaca solamente unos ponen los
muertos? ¿Acaso el profesor René Calva, apuñalado el 5 de octubre, no
pertenecía a una corriente sindical opuesta a los maestros que exigen la
salida del (des)gobernador Ulises Ruiz?
Así es. René Calva era parte de una tendencia gremial opositora a la
dirigencia de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación (SNTE). Sin embargo, casi nadie cree que su asesinato haya sido
obra de la APPO. Por principio de cuentas, porque el movimiento
democrático no ha liquidado a ningún opositor. A diferencia de la clase
política local, no es así como resuelve sus diferencias. Además, porque el
crimen se cometió inmediatamente después de que la Secretaría de
Gobernación ofreció al movimiento popular remover los mandos policiales
del estado y tomar control directo de ellos, medida rechazada tanto por el
Congreso local como por el mandatario. La feroz campaña de medios contra
los opositores de Ruiz que siguió a la muerte del maestro Calva es un
indicador indiscutible de quiénes fueron los beneficiados con su
homicidio.
Hay dos varas para medir la violencia en Oaxaca. La guerra sucia contra
los integrantes de la APPO merece apenas unas cuantas líneas ágatas en la
mayoría de la prensa escrita nacional, o unos cuantos segundos en los
medios electrónicos. La violencia del gobierno del estado en contra de los
ciudadanos en rebeldía es presentada como "enfrentamientos". Se esconde
así la responsabilidad directa del agresor y se equipara al agredido con
su victimario. Horas después todo ha sido olvidado. Los difuntos se
desvanecen, son condenados al olvido.
De vez en cuando, la ira popular estalla. La multitud irritada persigue a
quienes disparan en contra de ellos. Los detiene, los golpea, los desnuda,
los amarra y los exhibe en la plaza pública. Entonces los comentaristas de
radio se indignan contra la plebe y su salvajismo, y el secretario de
Gobernación advierte que es inadmisible la violencia popular y la justicia
por propia mano. Durante días el eco de imágenes, advertencias y sermones
condenando los hechos rebota expansivamente en el cuadrante y en
periódicos.
El 14 de octubre fue asesinado Alejandro García Hernández. Como casi todos
los otros muertos, pertenecía a la APPO. Al grito de ¡Viva Ulises Ruiz! un
militar vestido de civil le disparó una bala calibre 22 en la cabeza. Un
día después se realizaron las elecciones en Tabasco. Un acto político
clave en el futuro inmediato del país, que atrajo la atención de la
opinión pública. Todavía estaba fresco el cadáver cuando los comicios
taparon la sangre de la víctima. Sin embargo, el macabro mensaje de
quienes ordenaron el crimen quedó grabado en las barricadas: en Oaxaca la
muerte tiene permiso.
Las viudas y los huérfanos de luchadores cívicos son cada vez más. Quienes
han perdido la aceptación de sus gobernados están dispuestos a bañar de
sangre la entidad. Si cae Oaxaca, dicen, seguirán Puebla y Veracruz, y,
quién sabe, quizá hasta el mismo Felipe Calderón. Con eso chantajean a la
nación, o, mejor dicho, al poder.
Ocho muertos, ocho. Los modernos sátrapas parecen no darse cuenta de que
el recurso del terror no ha sido eficaz para frenar la lucha. Ignoran que
cada muerte que provocan es una razón más para mantener el movimiento con
vida. En el imaginario popular Ulises Ruiz ya cayó. Más les vale a los
senadores darse cuenta pronto de ello. Cada nuevo féretro de ciudadanos
rebeldes que haya que sembrar en territorio oaxaqueño será (es) también su
responsabilidad. Como lo es del gobierno federal.
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