[indymediapr] Ley 45: lo bueno, lo malo y lo feo

Milagros Rivera dahumara en yahoo.com
Vie Ene 25 04:34:29 PST 2008



Carlos Quirós <cquiros en igc.org> escribió:  Asunto: Ley 45: lo bueno, lo malo y lo feo…
De: Carlos Quirós <cquiros en igc.org>
Fecha: Fri, 25 Jan 2008 08:21:18 -0400

          Ley 45: lo bueno, lo malo y lo feo…
          Escrito por Carlos Quirós Méndez*/Especial para Claridad   
      

  Al cumplirse los primeros diez años de la Ley 45 de “sindicación” de empleados públicos consideramos necesario comenzar un análisis sobre su impacto en el movimiento sindical en Puerto Rico. Los siguientes apuntes no pretenden agotar dicha evaluación necesaria, sino que constituyen más bien unas pinceladas para abordar un tema complejo y extremadamente controversial.
  

  Lo bueno…
  Sin lugar a dudas, el elemento más positivo de la implantación de la Ley 45 es que ha posibilitado la creación de uniones en la administración pública. Por primera vez, sobre 90,000 trabajadores de las agencias de gobierno han tenido la oportunidad de organizarse en sindicatos y sentarse a negociar sus términos y condiciones de empleo. Esto se ha reflejado en un leve aumento de la tasa de organización sindical de un 7% en el año 1996 a un 10% en el 2005.
  

  De otro lado, el hecho de que los trabajadores puedan sentarse a la misma mesa que los administradores y gerentes de gobierno, ya sea para negociar un convenio o discutir querellas, ha tenido un efecto liberador sobre la psiquis de muchos empleados públicos. Ya los jefes de agencia y sus lugartenientes no son aquellos personajes lejanos e intocables de antaño, sino que ahora se ven como personas de carne y hueso con los cuales se puede diferir y argumentar de cara a cara.
  

  Por último, la solución de conflictos a través del mecanismo de arbitraje ha demostrado ser mucho más justo, rápido y económico que el anquilosado sistema ante la extinta Junta de Apelaciones (JASAP) y la actual Comisión Apelativa del Sistema de Administración de Recursos Humanos (CASARH).
  

  Lo malo…
  Si bien la tasa de organización sindical ha aumentado en términos generales, lo cierto es que durante la pasada década se ha desplomado el sindicalismo en el sector privado. En la medida en que los sindicatos han dirigido sus esfuerzos en lograr victorias rápidas y fáciles en el sector público, prácticamente se han abandonado los esfuerzos a organizativos en el sector privado. A modo de ejemplo, entre el 1996 y el 2005, la organización sindical en la construcción prácticamente desapareció, mientras que la tasa de organización en la manufactura ha descendido de un 6% a sólo un 1%.
  

  De otro lado, el hecho de que se hayan organizado sindicatos y negociado convenios colectivos no necesariamente significa que los trabajadores tengan ahora más participación en la toma de decisiones o que estén mejor protegidos. Hemos observado como varios sindicatos (o mejor dicho burócratas sindicales) han impuesto estilos de funcionamiento arbitrarios y antidemocráticos en contra de los mejores intereses de los trabajadores que dicen representar. A modo de ejemplo, hay un sindicato que impuso unilateralmente un aumento de cuotas y después les impuso a sus miembros el uso de un plan médico en beneficio de unos compinches. A pesar de que el reglamento de dicho sindicato ni siquiera reconoce la necesidad de celebrar asambleas periódicas, la Comisión de Relaciones del Trabajo ha sido un tanto tímida en intervenir en defensa de los trabajadores.
  

  Por último, el aspecto más negativo de la Ley 45 es la prohibición del derecho fundamental a la huelga. La reciente descertificación de la Federación de Maestros (FMPR) evidencia cómo esta ley puede usarse por el gobierno para amordazar la libre expresión y combatir las legítimas aspiraciones de los trabajadores.
  

  Y lo feo…
  Pero más allá de aspectos particulares sobre la implantación de la Ley 45 nos parece que lo verdaderamente importante a la hora de evaluar esta ley es el impacto político que ha tenido en la recomposición del movimiento sindical en Puerto Rico. Antes de la Ley 45, el sector representado por los sindicatos norteamericanos era pequeño y limitado principalmente al sector privado. La Ley 45 ha cambiado todo eso.
  

  En estos momentos, los más de 90,000 trabajadores organizados bajo la Ley 45 se dividen en cuatro bloques. Los sindicatos norteamericanos afiliados a la AFL-CIO y a “Change To Win” tienen unos 60,000 trabajadores afiliados en la mayoría de las agencias gubernamentales. De otro lado, hay unos 32,000 maestros afiliados a la FMPR, recientemente descertificada por el gobierno. Por su parte, la Coordinadora Unitaria de Trabajadores del Estado (CUTE) ha certificado su representación exclusiva en unas 6 agencias y representa unos 1,400 trabajadores. Por último, el Programa de Solidaridad UTIER ha certificado su representación exclusiva en dos agencias y representa unos 200 trabajadores.
  

  Por su parte, la Service Employees International Unión (SEIU), con el apoyo del gobierno del PPD, se ha propuesto recapturar para el sindicalismo del norte a los maestros de educación pública. Su oferta de asistir a la Asociación de Maestros en contra de la FMPR es un intento de copar la representación exclusiva de los empleados públicos. En estos momentos los sindicatos norteamericanos tienen afiliados a dos de cada tres empleados públicos organizados en Puerto Rico y apuestan a una derrota de la FMPR para llegar a controlar el 98%. El impacto y las consecuencias políticas de esta realidad sindical es algo que no podemos ignorar.
  

  No se trata de evaluar este fenómeno desde la óptica del nacionalismo sindical. También reconocemos que la “puertorriqueñidad” de un sindicato no es garantía de nada. Hay sindicatos puertorriqueños que son democráticos y otros que son burocráticos. Hay sindicatos puertorriqueños que son combativos y otros que son patronales.
  

  Lo que tenemos que evaluar es la ausencia de democracia sindical. Un sindicalismo cuyas decisiones fundamentales no las toman los trabajadores sino unos burócratas en Wáshington no puede responder a las necesidades reales de los trabajadores en Puerto Rico. ¿Y qué pasará a la hora de plantearnos nuestra liberación nacional? ¿De qué lado estarán estos mercaderes del sindicalismo?
  

  * El autor es Director del Instituto Laboral de Educación Sindical (ILES


       
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