[indymediapr] [CPRDV] Día de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico Abolition of slavery day in Puerto Rico

Robert Rabin robert.rabin en cprdv.org
Lun Mar 22 08:28:43 PDT 2010


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Apuntes sobre esclavos africanos en Vieques

R. Rabin*

Cientos de esclavos africanos - hombres, mujeres y niños - vivieron,
trabajaron y murieron en Vieques durante el siglo XIX.  Actas de Bautismos y
Defunciones de la Iglesia Católica de Vieques; el Registro de Gobierno de
Vieques 1838-1843 (administración de T.J.J. M. Le Guillou); documentos del
Archivo Histórico Militar de Madrid y del Archivo General de Puerto Rico –
todo disponible en el Archivo Histórico de Vieques – son las fuentes
principales para este escrito.

El 15 de octubre de 1839, Don Francisco Guibermann solicitó permiso para
"desembarcar cinco esclavos que a su bordo trae la goleta española,
Industria, su capitán Alfonso, procedente de Martinica..."   

Otro hacendado, Mr. Santiago Brochar, "habitante y propietario de Puerto
Ferro, pide permiso  (...)  el 10 de febrero de 1840  (...)  para introducir
los esclavos nombrados Arsenne, Gustave, Jean Baptiste, Constan, Labot,
Julie, Rache, Mabouya, Celeste, Noel, Alfonse y Ariel."   

Identificamos  los nombres de 236 esclavos en las actas de defunciones de la
Parroquia de Vieques entre 1844 y 1873, comenzando con Modesta, natural de
Martinica,  quien murió a la edad de 40 años el 12 de enero de 1844,
‘propiedad’ de Don Domingo Dupray.  El último es Lausan, natural de
Guadalupe que murió el 7 de mayo de 1860 a los cincuenta años de edad,
esclavo de don Gustave Delerme. 

Setenta y cuatro están registrados como naturales de Guadalupe  y otros  116
de Martinica.  Ocho nacieron en África y 23 murieron en Vieques antes de
cumplir los diez años.  Cinco esclavos murieron en Vieques con cien años o
más:  Rosita, de Martinica, a los 101 años el 4 de mayo de 1855, esclava de
los Sres. Le Guillou; Teresa, natural de Guadalupe y esclava del Mr. L.
Cherot, a los 100 años el 19 de octubre de 1849; Dionisio, natural de África
y esclavo de la Sucesión Le Guillou, con 100 años  el 22 de julio de 1850;
Martín, de la Hacienda Resignación (Le Guillou), natural de África, murió a
los 100 años el 4 de marzo de 1852.  Roque, descrito como Negro Liberto,
murió el 14 de marzo de 1855 a los 112 años.  

De los libros de defunciones:

Juan, "natural de Francia" y "propiedad" de Mr. Nerón Longpré, fue enterrado
en el cementerio de Boca de Quebrada de Vieques el 5 de septiembre de 1849 a
la edad de cincuenta años.  El 19 de marzo del próximo año murió Alfredo,
otro esclavo registrado como "natural de Francia" del mismo dueño.   

Simón, propiedad de Mr. Delerme, sepultado en el Campo Santo de la Hacienda
Perseverancia, en Punta Arenas.  Alejo Africano, nacido en África, murió el
2 de marzo de 1852 y enterrado en la Llave.  Enterrados en el cementerio de
Boca de Quebrada, en el Barrio de Punta Arenas:   Martin y Fernando de 28 y
30 años respectivamente, propiedad ambos de Don Luis Cherot;  Olivier,
natural de Martinica de 53 años, esclavo de los Sres. Longpré y Derpréz;
Félix, de la hacienda de Don Daniel Terrible, natural de Guadalupe a los 80
años.  

Esclavos sepultados en "lugar profano" en las afueras del cementerio, debido
a la naturaleza violenta de sus muertes:   Félix, propiedad del Señor
Lefresecy, murió el 29 de julio de 1858.  "habiéndose suicidado en la noche
de ayer su esclavo Félix (...) por haberse ahorcado no era digno ni del
funeral ni de sepultura en lugar sagrado sino en lo profano."  En el caso de
Honorato, de 58 años y natural de Martinica, esclavo de la sucesión Le
Guillou, el párroco dejó esta nota en el Libro de Defunciones: "negué
sepultura ecclesiástica y mandé a enterrar en lugar profano; fue encontrado
en su casa muerto por estrangulación."

Zens,  africano de veinte años, muerto el 12 de mayo de 1852, era de la
hacienda de Don Francisco Gálvez, oficial militar a cargo de la construcción
del Fuerte.   Sobre su muerte se menciona:   "encontrado quemado en un
rincón de dicha hacienda."  

Francisco, natural de Africa y bautizado en Marie Galante  (Guadalupe),
esclavo de los Sres. Bellevue y Boulogne, muere el 10 de diciembre de 1851:
"(...) previo oficio del Sr. Gobernador interino, Don Salvador González en
el que manifiesta haberse reconocido el cadáver por el facultativo Doctor
Tomás Ríos de haber muerto por la yuca amarga."  

 

El Cólera Morbo

Nuestra investigación indica que cuarenta esclavos viequenses cayeron
víctimas del cólera  en junio de 1856.  De la Hacienda Patience, propiedad
de los Sres. Le Guillou:   Montout, 55; Alejo, 22; Tadig, 80; Mounrose, 57;
Arsil, 45; Noel, 40; Virginia, 70; Ana, 27; Nonime, 25; Courbat, 2; Pablo,
9; Mateo, 4; Flor, 77; Juan Carlos, Luisa, María, Frontin y  Fil (negra
mendicante). 

Esclavos de la Hacienda Resolución que murieron del cólera se incluyen a
Dionisio, 58; Hilario, 28; Carlos, 82; Marcial, 55; Elena, 60; Desiderio,
48; Bartolomé, 45; Luis, 75.

Julian, de los Sres. Bellevue y los esclavos Gregorio y Alfonsina de Doña
Clara Mayer también sucumbieron al "vómito negro."  Luciano y Daniel, de 74
y 50 años respectivamente, ambos naturales de Guadalupe y esclavos de Don
Luis Cherot; Emilia, esclava de Doña Eugenia Bellevue, Miguel, de Don
Francisco Galvez y Vicenta, esclava de Don Manuel Morales, también murieron
de la enfermedad.

Esclavas, bautismos y otras crueldades

El Primer Libro de Bautismos de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de
Vieques incluye los nombres de noventa y nueve esclavas cuyos hijos se
bautizaron en nuestra Isla entre 1844 y 1873.  La primera madre esclava en
los documentos es María Disimier,  cuyo hijo Luis fue bautizado el 20 de
enero, ambos propiedad de Don Luis Cherot. 

 

Otras esclavas con hijos bautizados en 1844 fueron  Filotea, María José,
Sofía, Luisa, Marta, Bosgeta, Ramona del Carmen, Honorina, Adelaida,
Anastasia, Agueda, Pilar, Ana, Romualda, Carolina, Martina, Gertrudes,
Saturnina, Lucia Desideria, Arsenia, Virginia, Agata, Filotea, Cató,
Melaria, María Magdalena, Ylena, Matumissa, Sebastiana, Maturina, Serafina,
Leontina, Lorá, Nuñuna, Ysabel, Catalina y Juana Paula.  Algunas de las
hijas de estas mujeres cuyos nombres aparecen en los documentos son:   María
Lidia, María Constancia, Eugenia, María Flor, María Palmira, Josefa,
Cecilia, Celestina, Florencia, Ysidora, María Antonia, Carlota, Micaela,
Manuela.

María Victoria está inscrita con la anotación, "Natural de África", en el
espacio generalmente reservado para el nombre de la madre.  Otras esclavas
viequenses nacidas en África que murieron en Vieques fueron:   Bárbara, de
30 meses, muerta el 3 de noviembre de 1845; Natalia, de 30 años, muerta el 5
de junio de 1848; Rosa, muerta el 23 de octubre de 1856 a la edad de 30
años; Arelia, de 45 años murió el 18 de abril de 1864; y Alcira, africana
centenaria que murió el día de Navidad de 1866.

El caso de la esclava Ángela, propiedad de Doña Josefa Díaz, pone de relieve
los múltiples sufrimientos de la esclava viequense.  El 4 de marzo de 1844,
nace Filomena,  hija de Angela.    El acta de bautismo informa que :
"...Doña Josefa Díaz …  hacía donación de su sierva recién nacida a Doña
Adelaida Sainz … y … traspasaba el dominio y señorío que sobre ella pudiera
tener en la donataria, para que como suya propia la use, venda, enagene
libremente para lo cual firmó la referida donante..."

Doña Josefa Díaz, aristócrata viequense, arrancó del pecho de su madre a la
niña esclava, Filomena, para regalársela a la familia del entonces
Gobernador Militar y Político de Vieques, Don Francisco Sainz.  Así que la
esclava viequense sufría una opresión multifacética en un sistema que ni
siquiera respetaba los derechos más básicos de la maternidad. 

 

Les invitamos a conocer más sobre la historia viequense aquí en el Museo
Fuerte Conde de Mirasol y en nuestro Archivo Histórico de Vieques.  También
les invitamos a trabajar con nosotros, como voluntario, en los muchos
proyectos culturales-educativos en el Fuerte.  Personas intersadas pueden
comunicarse con nosotros via teléfono al número 787 741-1717 o por correo
electrónico:  rrabin en icp.gobierno.pr .

El Museo Fuerte Conde de Mirasol es parte del Programa de Museos y Parques
del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

*R. Rabin es Director del Archivo  Histórico de Vieques y el Museo de la
Memoria Histórica de Vieques;  Coordinador del Museo Fuerte Conde de Mirasol
para el Instituto de Cultura Puertorriqueña        

 

El párroco de nuestra isla durante la epidemia del cólera fue el Fr. Benigno
Luis Carrión, quién, unos cuantos años después, fue designado Obispo de
Puerto Rico.  Aquí se reproduce  una carta que envió el Padre Carrión a la
esposa de su sobrino, Doña Antonia Quiñones, residente en Mayagüez.  En la
misiva, fechada 10 de junio de 1856, el párroco describe elocuentemente la
situación del pueblo y la profunda tristeza que él sufrió a raíz del cólera
en Vieques.  La Carta fue publicada en la revista católica Borinquén  (San
Juan de Puerto Rico) en junio de 1909:  

 

 

Mi querida Antonia:

            Desde que Pedro me escribió de Santomas despidiéndose (para
París), pensé escribirte; pero, hija mía, el día de tu santo, en que mucho
me acordé de tí, estando todos en el mayor descuido y sin prevención alguna,
nos vimos de repente acometidos del cólera, y con tal furia que no hay
palabras para explicarlo.

En el momento, la población toda, que es bien pequeña, quedó desamparada, y
unos marchándose al campo y otros a esa isla y a la de Santomás, huyeron a
poner en salvo sus vidas.  Sin embargo, siempre quedarían como cien
personas, que en tres días han sido víctimas de la terrible enfermedad.  Al
principio creíamos sería efecto de no tener método curativo ni médico, pues
el único que hay se hallaba casualmente en Santomás; pero nos engañamos,
pues vino el médico y la muerte ha seguido haciendo los mismos estragos, en
términos de ser víctimas cuantos han sido invadidos sin escapar ni
convalecer ni uno.

Ya ha terminado su oficio la muerte en la población, y ahora se dirige al
campo, pues aquí ya todo es una espantosa soledad.  De una casa grande se
hizo un hospital, y yo no podré decirte, Antonia de mi alma, las tristísimas
y desgarradoras escenas que he presenciado.  

¡Ay, ay!  esto es terrible, esto no cabe en expresiones el manifestarlo.
Estoy asistiendo a mis pobres feligreses día y noche:  no duermo, pues me
acuesto a las doce, y me llaman dos y tres veces siempre para distintas
personas.  Día y noche no se oye más que lamentos y gritos de los que
agonizan con enfermedad tan atroz, o de los que lloran a sus muertos.

Debo a Dios el favor de no tener ni un dolor de cabeza, de no conocer el
temor, y de estar sereno en medio del mayor peligro; pero ¡ay! en contrapeso
tengo el corazón de una mujer para la compasión, lloro inconsolable sobre
cada infeliz que agoniza en mis manos, transido de sed y en medio de las
convulsiones más dolorosas, y más de una vez he salido de algunas casas
llorando por las calles como un muchacho.  Creo no moriré del cólera, pues
ya era tiempo, pero no dudo rendirme al trabajo y aún más a la compasión,
pues hay frecuentes lances en que se me despedaza el corazón.  

Casi todos los padres y madres, con sus ojos hundidos, y sin poder
pronunciar una palabra entera, e encargan el cuidado de sus hijos, y esto me
arranca el alma.

En los momentos en que escribo estos renglones estoy oyendo la tristísima
voz de una joven francesa, que, agonizando, llama a su madre y hermana; y la
infeliz ignora que éstas ya no existen.  Esta mañana he visto poner a su
madre, señora guapa y respetable, en una carreta sin ataúd ni un mal cajón y
medio desnuda, para llevarla a la zanja. 

 ¡Ay, Dios mío!  no hay corazón que resista esto!  En medio de todo no sé si
sabrás que estoy sólo, pues mi compañero lo destinaron a Luquillo; y aunque
el Gobernador Eclesiástico me ha prometido otro, aún no ha llegado; y cuando
sepan nuestro estado, ¿quién ha de querer venir?

Ya te dije que en el pueblo va disminuyendo la enfermedad porque no ha
quedado casi nadie.  ¡Qué espantoso está un pueblo tan solo en medio del
día, como a media noche!  ¡todas las casas cerradas!

No tengo lugar para más.  Salgo a dar una vuelta con mi cajita de óleos
debajo del brazo.  Son las diez, han muerto ocho, he oleado cinco.  No salgo
al campo por la falta que hago aquí; pero cuando en la población no quede un
alma, marcharé a cumplir con mi deber aunque dé mi vida por mis afligidas
ovejas.

Te escribo con un comisionado que sale para la capital con objeto de traer
médico, medicinas y víveres; pues todo nos falta.  Hace tres días que no
tengo tiempo de decir misa, no se abre la iglesia, no se toca la campana
para nada, pues no hay quien la toque ni quien vaya (a orar):  Mucho
necesito de oraciones, pido las tuyas, las de mis hijas en San Germán y de
las Cuevas; y de cuantas personas abriguen en su corazón la caridad; aun más
intereso vuestros ruegos si sabéis que nuestro Señor ha dispuesto de mí.

Cuando escribas a Pedro háblale de mí.  No te olvido, hija mía, por haberte
quedado sin tu hijo; pero ya lo recibirás hecho un hombrecito.

A Felicia, a Marianita, a tu mamá, a todos, todos, mis afectos, pues nunca
os olvida vuestro padre.

(copia de la carta fue entregada al AHV por el Prof. José García Leduc,
UPR/Humacao)

 


 

 

 

       

              

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English

 

Notes on African Slaves in Vieques

*R. Rabin

Hundreds of African slaves – men, women and children - lived, worked and
died on Vieques during the 19th century.  Vieques Catholic Church baptism
and death records; Vieques Government Register 1838-43 (T.J.J.M. Le Guillou
Administration); documents from the Military Historic Archives of Madrid and
the Puerto Rico General Archives – all available at the Vieques Historic
Archives – are the principle sources for this text.

On 15 October, 1839, Mr. Francisco Guibermann asked permisión to ‘disembark
five slaves on board the Spanish ship, Industria, captained by Alfonso,
coming from Martinica…”

Another planter, Mr. Santiago Brochar, “resident and property owner at
Puerto Ferro, sought permission on 10 Februrary, 1840, “.... to introduce
the slaves named Arsenne, Gustave, Jean Baptiste, Constan, Labotr, Julie,
Rache, Mabouya, Celested, Noel, Alfonse and Ariel.”

We have identified the names of 236 slaves in the Death Records of the
Vieques Parish between 1844 and 1873, beginning with Modesta, born in
Martinica, who died here at the age of 40 on January 12, 1844, “property” of
Don Domingo Dupray.  The last entry is of Lausan, born in  Guadalupe who
died on May 7, 1860 at 50 years of age, slave of Gustave Delerme. 

Seventy four are registered as born in Gaudalupe and 116 in Martinica.
Eight were born in Africa and 23 died in Vieques before the age of ten.
Five slaves died in Vieques at the age of 100 or more:  Rosita, from
Martinica, at 101 on 4 May, 1855, slave of the LeGuillou family; Teresa,
born in Guadalupe and property of Mr. L. Cherot, at 100 on October 19, 1849;
Dionisio, born in Africa and slave to the Le Guillou’s, at 100 years of age
on 22 July, 1850; Martín, from the Hacienda Resignación (Le Guillou), born
in Africa, dead at the age of 100 on March 4, 1852; Roque, described as a
Free Black Man, died on 14 March, 1855, at the age of 112.



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