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miluskaya miluskaya at blablaxpress.org
Mer 10 Fév 01:14:02 PST 2010


Oui, en effet. Sali c'était une de mes connaissance au Mexique. Mais il
faut savoir que son meurtre n'a RIEN de politique. C'était un psychopathe
qui a fait le coup, et qui est joliment hors service maintenant. (en fait
apres son assassinat, certains groupes d'Oaxaca ont tenté de politiser son
meurtre, ce qui est une erreur et sème le trouble au mauvais endroit.) Pour
ceux qui comprennent l'espagnol, voici un très bon article qui explique
tout ça.  



EL ASESINATO DE SALI GRACE

San José del Pacífico, Oaxaca, México.

Marcella "Sali" Grace Eiler, una joven con varios años de experiencia
tocando el banjo, rescatando comida y útiles de los basureros, atravesando
el país subida en los trenes de carga y viviendo en campamentos para
defender los bosques de los talamontes, entró a La Taberna de los Duendes
alrededor de las 10.30 de la noche, el domingo 14 de septiembre de 2008,
dos semanas antes de su cumpleaños 21.

San José del Pacífico es un pueblo de aproximadamente 500 habitantes, un
poco más que un caserío con cabañas para rentar a ambos lados de un
sinuoso camino montañés que serpentea entre densos bosques de pino.
Destino común para el turismo internacional y conocido por los hongos
alucinógenos que crecen silvestres en el bosque.

A esas horas del domingo el pueblo está casi dormido.

La Taberna de los Duendes, un solo cuarto grande con techo alto, estaba
desierto excepto por los dueños: Heriberto Cruz, David Santini y Francesca
Aldegani, quienes miraban una película en la televisión.

"Sali" entró con su mochila a cuestas. Dijo: buenas noches, me llamo Sali,
mi amiga Julieta me recomendó que viniera y que tal vez podría dar una
función de danza aquí.

Sali comenzó a discutir varias posibilidades sobre la función, pero los
dueños del lugar, cansados y distraídos por la televisión, no la siguieron
la platica.

-Estaba cansado, viendo la película-dice David Santini-, no quise hablar
de chamba, entonces le dije que regresara al día siguiente para platicar
bien. Dijo que sí.

Mientras Sali hablaba con los tres dueños de la taberna Omar Yoguez Singu
entró al restaurante y se sentó cerca de la ventana del frente.

Sali preguntó por lugares para hospedarse en San José. Dijo que su amiga
Julieta le había recomendado "el Rancho de Paco," la casa de un amigo suyo
en las afueras del pueblo.

-Le dije que no debía ir a esa hora -dice Santini-. Pensé, a las 11 de la
noche, una chamaca sola con su mochila, nunca llega. Le dije que mejor se
quedara en una cabaña de 100 pesos por noche. Ella dijo que estaba de
acuerdo. En ese momento entró ese hijo de puta.

Singu, también conocido como El Franky, un hombre de 32 años, de la Ciudad
de México, interrumpió, de acuerdo con Santini, Cruz y Aldegani, diciendo
que era amigo de Paco y que podía mostrarle a Sali el camino a su rancho.

-Nunca había llegado aquí antes -dice Francesca Aldegani-. Me parece que
la vio antes de entrar.

-Él (Singu) llegó, se metió en la plática. Entró y se sentó en la mesa con
el ajedrez, pidió una chela, le dimos una, y nos quedamos platicando con
la chava, -dice Heriberto Cruz-. Ella preguntó dónde se podía quedar y él
se metió ofreciendo llevarla al rancho. Le invitó a una chela y ella
aceptó. No vi un saludo como si se conocieran de antes. Te digo que entró
y se sentó solo, primero no se saludaban, y luego se metió en la plática.

Yoguez le invitó una cerveza. Sali aceptó y se sentaron a platicar cerca
de la ventana. Los dueños volvieron a la televisión. Singu y Sali tomaron
una cerveza, platicaron en voz baja y después de un tiempo se levantaron
para irse.

-Recuerdo que Sali me miró a los ojos y dijo: Así que, ¿qué debo hacer?
¿Debo irme con él entonces? Nosotros no dijimos nada. No le íbamos a decir
que no se fuera con ese tipo justo enfrente de él -dice Santini-. Ella no
confiaba en él, pero no sabía qué hacer. Así que se fue. En todos los
sentidos de la palabra. Se fue.

"Se liberó"

La rebelión era natural en Sali, alias Sally, Ratty, Sally Rattypants,
Rattytat, antes de mudarse a México en 2007 y volverse Sali.

A los siete años quería unirse a las protestas de un grupo ecológico:
Gente en Favor del Trato Ético de los Animales, que se cubrían de salsa
catsup y se encerraban en jaulas en el centro comercial de Eugene, para
protestar contra los compradores de navidad que compraban abrigos de piel.

En Eugene, Oregon, destacó en arte, aprendió a tocar el banjo de oído y se
involucró en la defensa de los derechos de los animales y en las campañas
de protección a los bosques. Todo esto a los catorce años.

-No tardó en que nuestra familia con sus valores clasemedieros, ella los
echó como si fueran una capa-dice Barbara Healy, la madre de Sali-. No fue
un gran conflicto para ella; simplemente no le interesaba.

También perdió interés en la escuela durante el segundo año de
bachillerato y durante un año asistió a una escuela de cuáqueros. Después
buscó otra salida.

-Me preguntó que si podía viajar cuando obtuviera su certificado de
bachillerato-dice Healy-. Dije que sí pensando que le tomaría varios años,
pero lo obtuvo en tres semanas.

Así que a los dieciséis y medio Sali se fue de casa. Accedió a llamar a su
madre una vez por semana, y volvería constantemente a Eugene, Oregon, pero
también comenzó a formar una vida dentro de la subcultura anarquista de
Estados Unidos, donde las reglas básicas de la sociedad captialista no
aplican.

Viajaba de aventón o se subía a los trenes en movimiento sin pagar. Para
comer revisaba los contenedores de basura de los centros comerciales, los
restaurantes o las casas de zonas residenciales. Llevaba siempre una llave
para romper los candados de los contenedores.

Su padre, John Eiler, recuerda la falta de interés en Sali por los asuntos
típicos de los adolescentes, como el dinero, los coches, las compras. "Se
liberó", dice.

Historias y recuerdos de Sali posteados en la red después de su muerte nos
muestran el retrato de una chica inquieta, energética, y compasiva, con un
buen sentido del humor.

Entre los quince y los veinte, Sali viajó, sin pagar, en tren a través de
EU y Canadá varias veces. Acompañada y sola. A menudo con su banjo, su
mochila y algunas ratas de mascota.

Cocinó para Food Not Bombs (Comida No Bombas), en ciudades por todo
Estados Unidos. Conseguía la comida de los contenedores. Vivió en
campamentos de defensa forestal, como Straw Devil,  cerca de Eugene, a
menudo en campamentos de puras mujeres. Tenía amigos y bandas punk regadas
desde Portland hasta Tucson pasando por Minneapolis. Estudió danza árabe
(danza de vientre) y dio funciones por todo Estados Unidos. Llevaba amigos
que había conocido en las calles a casa de sus padres (que por esa época
estaban divorciados, su madre seguía en Eugene, Oregon y su padre se mudó
a San Luis, Missouri) y los amigos acababan quedándose más tiempo que
Sali. Robaba comida orgánica de los supermercados, jugaba futbol
anarquista (una variante del soccer, pero sin árbitros y con muchas menos
reglas), en parques públicos, cosía su propia ropa de con retazos que
hallaba en los contenedores de basura, curtía pieles de mapaches
atropellados y llevaba bidones de agua al desierto de Arizona como
voluntaria de No More Deaths (No Más Muertes una organización de ayuda a
migrantes).

Los padres de Sali hablan de sus pasiones con tisteza y respeto, incluso
cuando son tan poco convencionales como buscar comida en los contenedores
de basura.

-Se dedicó de corazón a Food Not Bombs -dice Healy-. Cocinaba para ellos
una vez a la semana y toda la comida la sacaba de los basureros. La
llevaba en ollas enormes atadas a su bicicleta, pasara lo que pasara, con
lluvia o sol.

-Cuando venía de visita la llevaba a la tienda orgánica "Whole Foods"-dice
Eiler-. Ingenuamente, porque recordaba a otra Sali, que sólo comía comida
orgánica. Yo entraba mientras ella se iba directo a los contenedores.
Whole Foods destruye las cosas para que no puedas sacarlas de la basura,
pero al lado había otra tienda: REI (tienda para campamentistas). Sali
encontró cosas en el basurero de REI que aún tenía etiquetas, así que fue
a devolverlas y con el dinero consiguió una bolsa de dormir. Para cuando
regresé con comida de Whole Foods, ella había sacado la mercancía del
contenedor de REI, la había devuelto y había salido con sus compras.

Familiares y amigos están de acuerdo en que una cosa que no iba de acuerdo
con las pasiones de Sali era el uso de drogas.

"Sali no usaba drogas. Punto." me escribió Donny en una entrevista que le
mandé por correo electrónico. Donny tocaba en "Cizaña" con Sali. En junio
hicieron una gira de tres semanas por México.

"A Sali le precupaba su salud y su equilibrio mental", escribe Donny. "Por
eso la danza árabe era tan importante para ella. Era como meditación que
la hacía poner los pies en la tierra y restauraba ese equilibrio. Las
drogas no eran parte de eso, para nada."

Vanessa, una amiga cercana de Sali, me escribió en un correo: "Cualquiera
de los que conocimos íntimamente a Sali sabemos que no permitía mierda en
su vida. Esta mierda incluye sobar el ego de hombres cobardes o usar
drogas recreativas."

En 2007 Sali se mudó a Oaxaca, México. Un año antes gran parte de la
sociedad oaxaqueña se organizó en la Asamblea Popular de los Pueblos
Oaxaqueños (APPO) y ocupó la capital del estado en un levantamiento no
armado que resistió durante seis meses.

Aunque el movimiento se retiró ante una ola represiva que asesinó a más de
20 personas y culminó en una redada masiva por la militarizada policía
federal el 25 de noviembre de 2006, la experiencia del levantamiento
organizó a miles de personas que siguieron adelante con medios autónomos,
graffitis y proyectos de educación por todo el estado.

Sali llegó al Consejo Indígena Popular de Oaxaca (CIPO), lugar de destino
común para la solidaridad internacional.

-Con ella programamos trabajos en las comunidades-dice Miguel Cruz, del
CIPO (ninguna relación con Heriberto Cruz)-. Ella subió a tres
comunidades. Fue a dar un taller de pintura y dibujo con los niños, con el
tema de los bosques, el medio ambiente, y el territorio.

A finales del 2007, Sali cruzó México de aventón hasta Arizona donde se
reunió con su banda y volvió al voluntariado con No More Deaths. Volvió al
CIPO en febrero de 2008. Ahí pintó un mural en la casa y ayudó con
carteles y anuncios para reuniones de la juventud. Viajó con frecuencia a
la Ciudad de México a visitar a sus amigos. En la ciudad de Oaxaca dio
clases y algunas funciones de danza árabe.

En julio participó en una caravana solidaria a las comunidades indígenas
zapatistas de Chiapas. Cuando volvió en agosto, se quedó algunos días con
la madre de uno de los testigos del asesinato de Brad Will y luego se mudó
con la familia de uno de sus estudiantes de danza.

(Will, un reportero de Indymedia fue asesinado a tiros el 27 de octubre de
2006, mientras filmaba los enfrentamientos entre la APPO y pistoleros
paramilitares en Oaxaca. Pese a las fotografías ampliamente difundidas de
los pistoleros, el gobierno federal ha ignorado la evidencia e insiste en
que los asesinos fueron los miembros de la APPO que intentaron salvar la
vida de Will).

En la Ciudad de México, Sali pasó algún tiempo con una comunidad muy unida
de artesanos y percusionistas que se reúnía en el auditorio ocupado Ché
Guevara, en la UNAM.

Julieta dice que conoció a Sali en una escuela de arte en Oaxaca y luego
se vieron de nuevo el 27 de octubre de 2007 en un homenaje en memoria de
Brad Will. Se hicieron amigas, intercambiaron clases de salsa por clases
de danza árabe y se fueron juntas de aventón de Oaxaca a la Ciudad de
México.

Julieta estaba en el Ché cuando vino Sali de visita el verano de 2008.
Julieta invitó a Sali a San José del Pacífico a pasar el puente del Día de
la Independencia. Le dijo que quizá podría organizar una función de danza
en un lugar que acababa de inagurarse en el pueblo, La Taberna de los
Duendes.

Sin embargo, mientras Julieta y su grupo de amigos se preparaban para ir a
Oaxaca, corrió el rumor de que los porros retomarían el auditorio Ché
Guevara. Julieta le mandó un mensaje de texto a Sali, diciendo que no
podría ir, pero que fuera ella a La Taberna de los Duendes en San José,
que se presentara como su amiga y pidiera la dirección a la casa de otro
amigo, Paco.

Sali contestó diciendo que iría sola.

Para entonces, Sali suplía a una maestra de danza en la Casa del Ángel, en
la ciudad de Oaxaca, dando clases de danza de vientre, tres noches por
semana.

Ella era muy linda -dice Miguel Ángel Rodríguez, quien enseña yoga en la
Casa del Ángel desde hace diez años-. Me tocaba la clase justo después de
ella. Nos saludábamos. Todos la conocíamos, pero nunca a profundidad.

Sali les comentó a sus amigos del CIPO y de Casa del Ángel sobre su viaje
a San José del Pacífico. Ninguno de ellos la volvió a ver.

Un peso moral.

Felipe de Jesús Reyes, un leñador que vive en una pequeña casa de adobe a
una hora de caminata de San José, pensó que los perros se morían de
hambre. Ladraban y aullaban, noche y día. Iban y venían.

Omar Yoguez Singu se quedaba en un jacal de una pieza, hecho de lámina y
tablas de madera, con piso de tierra, a algunos metros de la casa de
Reyes. Singu venía seguido a San José desde hacía más de un año y
recientemente se quedaba en esta cabaña, propiedad de un hombre llamado
Antonio, que estaba en Nueva Zelanda con su pareja por estas fechas, según
comentaron vecinos del lugar.

Singu tenía dos perros que lo acompañaban a todos lados y que vagaban como
si estuvieran perdidos. Ladraron durante días. El miércoles 24 de
septiembre, Reyes decidió llevarles algo de comida.

-Como ya no veíamos a ese cabrón, pensamos que las perras estaban ladrando
por hambre y les llevamos tortillas, -dice Reyes, desde la entrada sin
puerta al jacal donde se quedaba Singu-. Nomás hasta aquí llegué y vi la
sangre y sentí el olor.

Reyes fue inmediatamente a llamar al delegado municipal, Camilo Ramírez
Ramos, quien a su vez llamó por radio al cuartel municipal de Miahuatlán
con las noticias.

En pocas horas circularon los rumores por San José.

-Cuando escuché que habían encontrado el cuerpo de una mujer en una cabaña
en las afueras del pueblo, pensé: la mujer muerta es Sali y el asesino es
Franky -dice Santini-.

Sali nunca volvió a la taberna después de esa noche del 14 de septiembre,
aunque había quedado de volver al día siguiente. Santini pensó que era
extraño.

Casualmente, al día siguiente, Francesca Aldegani recibió un correo
electrónico de Julieta preguntando sobre Sali.

El 25 de septiembre, Santini llamó a Julieta, quien había llegado con su
compañero a Oaxaca, y le dijo que Sali había sido asesinada.

-Le llamé y le dije: "tienes que encontrar a ese hijo de puta, Franky.
Deténganlo." Julieta dijo que algunas personas lo acababan de ver en la
ciudad de México y que tenía una herida en la pierna.

Pero Santini no estaba segura aún de que el cadáver fuera de Sali y
Julieta no quería creerlo. Así que esta última fue al trabajo de Sali en
la Casa del Ángel, mientras su compañero, -llamémosle Manuel-, comenzó a
hacer llamadas a la Ciudad de México a ver si sus amigos podían localizar
a Singu.

En la Casa del Ángel otros maestros le dijeron a Julieta que Sali había
faltado a todas sus clases de las pasadas dos semanas. Le habían llamado y
dejado mensajes pero sin respuesta. Le pidieron a Julieta que le dijera a
Sali que llamara tan pronto como pudiera.

El compañero de Julieta habló con un grupo de percusionistas de Oaxaca que
encontraron a Singu en la Ciudad de México. Le preguntaron por sus perros.
Singu dijo que uno había mordido a un niño en San José y que los del
pueblo los habían atacado con machetes. Singu dijo que lo habían herido
tratando de defender a sus perros, y que al final se los habían matado.

El compañero de Julieta llamó a Santini de nuevo y le contó la historia.
"Sus perros están aquí, están ladrando", contesto Santini por teléfono.
Durante varios días los perros iban y venían de la taberna a la cabaña
buscando a su dueño.

Cuando Julieta y su compañero se encontraron tenían dos certezas: Sali
estaba desaparecida y Franky mentía. Julieta fue a toda prisa a Miahuatlán
-a dos horas de camino- para identificar el cadáver, mientras su compañero
comenzó a organizar la captura de Singu.

-Era nuestra amiga, -dice Manuel-. Nosotros la invitamos a San José. Hay
un peso moral.

Muy pronto los amigos de Manuel encontraron a Singu y llamaron para
preguntar qué debían hacer con él.

Quédense con él, emborráchenlo, -les dijo Manuel-, invítenle a chelas.
Llévenlo a un concierto, sólo quédense con él mientras investigamos.

Manuel quería saber de Julieta en Miahuatlán y también quería la ayuda de
otros amigos de Oaxaca. Envió mensajes de texto a la gente del CIPO y
algunas otras organizaciones y les pidió que se reunieran con él de
emergencia.

En las oficinas del CIPO esperó que Julieta volviera.

-Fue horrible verla -dice Julieta-. Pregunté, ¿qué le hizo? Su cuerpo
estaba en estado de descomposición, pero su cara estaba irreconocible.

Sólo pudo identificar a Sali por sus tatuajes.

La autopsia dice que Sali recibió cuatro heridas serias producidas por
objeto contuso cortante (machete), una herida cortante debajo de su
antebrazo derecho, una herida en su costado, una herida de seis
centímetros debajo del pecho izquierdo, que entró hasta la cavidad
torácica provocando su muerte, y una herida punzante, como puñalada, en su
espalda. La profundidad de estas heridas prueban la violencia abrumadora
con que fue atacada.

La autopsia menciona también golpes en su garganta, que no se encuentran
los ojos ni el cabello y que su cara estaba negra (en las fotografías
publicadas en los periódicos de Oaxaca la cara de Sali parece estar
quemada, o como si le hubieran quitado la piel). La autopsia no explica o
siquiera menciona porqué la cara estaba enegrecida o porqué faltaban su
cabello y sus ojos.

Con todo y las descripciones incompletas, la saña devastadora que se
ejerció contra Sali es increíble.

Julieta y Manuel se reunieron esa noche en el CIPO, en Oaxaca. Escribieron
todo lo que sabían para ordenar sus pensamientos. Decidieron enviar una
comisión de cuatro amigos a la Ciudad de México, que fueran a la embajada
de los Estados Unidos y a la policía de la Ciudad de México para decirles
lo que sabían de Singu. La comisión salió alrededor de las 3 de la mañana.

Al día siguiente, el 26 de septiembre, el CIPO envió un comunicado de
prensa denunciando el asesinato de Sali. El comunicado exageraba la
participación política de Sali, retratándola como una "acompañante
internacional de hermanos y hermanas que se sentían acosados por el mal
gobierno de Ulises Ruiz".

Miguel Cruz, del CIPO, aclaró más tarde que las actividades de
acompañamiento de Sali se habían limitado a pasar algunos días con la
madre de uno de los testigos del asesinato de Brad Will. Su actividad
política con el CIPO consistía en pintura, jardinería y talleres de danza
y ecología. Aún así, el comunicado de prensa que le dio la vuelta al mundo
concluía: "esto nos hace pensar que el cobarde asesinato está relacionado
con la represión contra los movimientos sociales, dirigida particularmente
a los observadores internacionales".

Julieta y Manuel estaban furiosos por la politización del crimen que
habían hecho el CIPO y otras organizaciones, cuando estaban seguros de que
era un crimen sexual.

En la mañana del 26 de septiembre, Julieta viajó de regreso a Miahuatlán.
La policía le pidió que los acompañara a San José para identificar las
posesiones de Sali. Después le pidieron que viajara con ellos a la Ciudad
de México para identificar a Omar Yoguez Singu.

Varios testigos que se mantienen anónimos y observaron la detención e
interrogatorio de Singu, aunque no tomaron parte, dicen que el grupo de
jóvenes que localizaron y emborracharon a Singu decidieron confrontarlo
directamente cuando supieron que la policía venía a detenerlo.

Le pidieron que confesara. De acuerdo con los testigos, Singu primero lo
negó. Dijo que otro hombre había intentado violar a Sali y que cuando él
se negó a ayudarlo, lo atacó con un machete, hiriéndolo en la pierna, y
apenas había logrado huir.

Pero no le creyeron, lo confrontaron con la primera versión de su
historia, donde los pobladores de San José mataban a sus perros y le
exigieron que confesara.

-Sí, yo fui, yo fui, -dijo eventualmente, de acuerdo con los testigos-. Sé
que no debía hacerlo, lo sé, no sé que me pasó, estaba muy drogado.

Y entonces comenzaron a golpearlo.

-Lo golpearon porque ella era una amiga, -dice Manuel, quien aún estaba en
Oaxaca el 26 de septiembre-. No pudieron soportar la impotencia de estar
con él todo el día sabiendo que había asesinado a una amiga.

Una persona que participó en la detención de Singu y en la golpiza, me
dijo que habían decidido golpearlo y luego entregarlo a la policía.
Acordaron no pegarle en la cara o la cabeza. Sin embargo, algunas veces la
gente perdió el control. Alguien le dio toques eléctricos y luego lo
golpeó en la cabeza. Otros rápidamente lo sacaron de la habitación donde
colapsó, llorando.

El testigo que participó me dijo que cuando vio las fotos del cuerpo de
Sali al día siguiente, pensó que la golpiza había sido demasiado leve.

Mientras tanto, la comisión de amigos de Manuel que llegó esa mañana,
notificó a la policía de la Ciudad de México de la captura de Singu. Con
la policía de México y de Oaxaca en camino, los captores de Singu lo
envolvieron en una cobija y lo llevaron a la calle, diciendo a los
alarmados testigos que estaba muy borracho. Lo tiraron afuera de un
supermercado y esperaron que la policía lo recogiera.

"Le tiré el favor"

Fui a entrevistar a Omar Yoguez Singu a la prisión estatal de Oaxaca, en
Miahuatlán. Singu no mostró ningún remordimiento y sólo intentó evadir su
responsabilidad en el asesinato. Se contradijo en repetidas ocasiones.

-No puedo darte información, porque todo puede usarse contra mí, -me
dijo-. No recuerdo nada. No recuerdo. Y no quiero que escribas cosas que
no son ciertas.

-¿Reconoces que te vieron con Sali, en San José?-pregunté-.

-Reconozco que estaba drogado, y que conocí a la persona en cuestión, nada
más-responde.

-Pero, ¿no confesaste?

-¡Me torturaron! Me dieron choques eléctricos -dice-. Dije que yo lo había
hecho por los golpes y la electricidad.

-¿No estuviste en la cabaña con Sali?

-Lo único que sé es que cuando desperté estaba ahí el cadáver y me asusté.
En mi vida de artesano nunca había hecho algo así. No se qué me pasó. Los
hongos…

Singu se da cuenta de que se acaba de contradecir y se calla. Le pregunto
cómo conoció a Sali.

-Nos tomamos una chela -dice-, y ella sacó drogas, pastillas, éxtasis, no
se cuanta madre más. Yo no la conocía. Le tiré el favor dejándola quedarse
en mi casa.

No investigation

La historia de Singu ha cambiado varias veces desde sus primeras
confesiones, tanto antes de ser capturado, como antes de ser aprehendido
por la policía. Su defensa aún se centra en su estado de conciencia. Al
principio le dijo a la policía que Sali y él habían consumido cocaína,
mariguana, hongos, hashish, cerveza y mezcal. En la entrevista anterior,
dice que él tomó hongos primero y luego Sali le ofreció "pastillas,
éxtasis y no se cuanta madre más".

De cualquier modo, Singu dice que no recuerda nada de tan drogado que se
encontraba.

Nadie parece estar investigando otras posibilidades.

Un testigo en San José, que pidió mantenerse anónimo, me dijo que habían
echado a Singu de un hostal la noche del asesinato por amenazar a una
mujer. Mientras se iba dijo: "¿Quieres que te folle?" Ningún oficial de la
policía ha ido a San José a entrevistar a este o a algún otro testigo
potencial.

Un examen de sangre durante la autopsia podría confirmar si Sali había
consumido algo de la lista de drogas -siempre cambiante- que dice Singu.
El examen no se realizó durante la autopsia. La Procuraduría General de
Justicia del Estado de Oaxaca, quizá la oficina de gobierno más
desacreditada en todo el país, mostró después de los hechos un examen que
supuestamente confirma que Sali consumió drogas. La lista no es
específica.

En la cabaña donde se encontró el cadáver, los investigadores tiraron sus
guantes blancos de latex en la entrada. A fines de noviembre del 2008
seguían ahí la ropa, papeles y algunas "joyas" de Sali, que en algún
momento fueron apilados en un altar por dos turistas que escribieron una
nota en inglés: "Te haremos justicia para tí, Sally (sic). Duerme bien,
guapa".

No se realizó ninguna investigación de la escena del crimen.

El reporte policíaco original omite que el sospechoso fue de hecho
investigado, detenido, golpeado, torturado y entregado a la policía por
ciudadanos comunes.

Los reportes de la prensa comercial mexicana están llenos de
especulaciones sobre los hábitos sexuales y el comsumo de drogas de Sali;
le atribuyen por lo menos algún grado de culpabilidad en su propio
asesinato, aunque ni un sólo periodista había viajado a San José a hacer
entrevistas antes de mi viaje en noviembre.

El 28 de septiembre, el periódico oaxaqueño "El Imparcial", publicó: "Era
la madrugada del 15 de septiembre cuando la pareja comenzó a fumar
marihuana; sin embargo Marcella ya había inhalado cocaína y había bebido
cerveza; asimismo Omar ya había ingerido mezcal y cerveza; comido hongos
alucinógenos, hachís e inhalado cocaína. (sic)"

"Debido a su estado, la pareja tuvo relaciones sexuales", dice El
Imparcial, "pero cuando terminaron, la joven empezó a discutir con Omar.
Después de muchas palabras obscenas, ambos pelearon entre sí.
Supuestamente Marcella lo atacó con un cuchillo. Por ello Omar tomó un
machete y se le fue encima."

El Imparcial no cita sus fuentes de información. Y todos los testigos que
entrevisté en San José del Pacífico aseguran que ningún reportero de El
Imparcial, o de algún otro medio, había venido hasta antes de mi visita.

La policía estatal de Miahuatlán me repitió la historia de Singu,
básicamente el mismo escenario descrito por El Imparcial, que al parecer
aceptaron sin más.

Aunque el trabajo policíaco fue hecho por un improvisado grupo de
artesanos y percusionistas, el manejo del caso que hizo el gobierno de
Oaxaca muestra que creen la versión del tipo que -según testigos- prometió
conducir a Sali a un lugar a donde nunca llegó; el mismo que "momentos
antes del crimen" fue expulsado de un hostal por amenazar a una mujer de
violación; creen en ese hombre que admitió despertar junto al cadáver,
mientras que asumió que la mujer que fue brutalmente asesinada, tuvo
relaciones sexuales consensuadas con el tipo y que consumió con él un
absurdo popurrí de drogas ilegales y alcohol.

Las organizaciones políticas que enviaron peticiones y llamaron a bloqueos
callejeros cuando pensaron que el crimen había sido ordenado por Ulises
Ruiz, guardaron un extraño silencio cuando surgieron las noticias de un
crimen sexual, como si la violencia sexual contra las mujeres no fuera
también un crimen político en un país que introdujo la palabra
"feminicidio" al léxico común, con los cientos de crímenes sin resolver en
Ciudad Juárez y otras partes del país.

"Sólo porque él (Singu) sobrevivió, no significa que sea una fuente
confiable de información sobre lo que ocurrió la noche que Sali fue
violada y asesinada" escribe Vanessa, amiga cercana de Sali. "Recordemos
que fue Sali la que sufrió. Que debe ser su vida, y lo que vivió, lo que
debe hablar por ella tras su muerte."

La tragedia

Después de años de ser salvaje, Sali estaba sentando cabeza en México,
dicen sus padres.

-En México cuajaba todo para ella. Algo sobre la gente, las mujeres, la
comida, los colores, -dice Healy-. México le hablaba.

-Puedes verlo en las fotos, donde se ve salvaje, y luego las fotos en
Oaxaca, un mes antes de su muerte. Se ve angelical, -dice John Eiler, el
padre de Sali-. Se estaba transformando en algo y nos privaron de eso. Esa
es la tragedia-.


Reportaje del periodista John Gibler
Traducción: Rodrigo Solís

http://mujeresylasexta.org/



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